
El poeta y artista visual xalapeño Julio María fue reconocido con el Concurso Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 2025 por su libro La isla que canta, obra que el jurado describió como un ejercicio poético de madurez y hondura emocional. Con este galardón, el autor se une a la lista de escritores que han dado continuidad al legado de Enriqueta Ochoa, una figura que transformó la manera de entender el dolor, la ternura y la fe dentro de la poesía mexicana.
La isla que canta destaca por su aproximación íntima al tema de la paternidad, un territorio pocas veces explorado desde una voz masculina vulnerable. El libro no se refugia en el sentimentalismo, sino que construye un lenguaje sólido, casi pictórico, que alterna entre la luz y la grieta. De acuerdo con los jueces, su propuesta combina imaginación y rigor técnico para levantar un universo simbólico donde el padre, el hijo y el mar se confunden en un mismo canto.
Julio María, nombre artístico de Julio César Suárez Cervantes, nació en Xalapa en 1990 y ha desarrollado una carrera híbrida entre la literatura y las artes visuales. Su obra dialoga con la imagen, la textura y la forma como si cada poema pudiera ser también una pieza gráfica. A lo largo de los años ha obtenido reconocimientos tanto en poesía como en dibujo, lo que lo ha consolidado como una de las voces jóvenes más versátiles del panorama nacional.
El Concurso Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa, organizado por el Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón, mantiene su compromiso con la promoción de la poesía contemporánea desde su creación en 1996. En esta edición, el certamen recibió más de doscientas obras provenientes de México y del extranjero, lo que confirma su relevancia y su capacidad para atraer a nuevas generaciones de autores.
Más allá del premio económico y la publicación del poemario, el reconocimiento a Julio María celebra la posibilidad de un discurso poético que pone en diálogo la experiencia personal con la creación estética. La isla que canta no solo representa una exploración de la paternidad, sino una reflexión sobre la vulnerabilidad como forma de resistencia y sobre el arte como territorio donde lo íntimo se vuelve colectivo.
Con esta obra, Julio María reafirma que la poesía mexicana sigue encontrando en la fragilidad un modo de decir el mundo: con música, con memoria y con verdad.







